Sylvia Plath y Alejandra Pizarnik

2 de mayo de 2023

Buenas, buenas❤

Este es el penúltimo martes y, por consiguiente, es la penúltima entrada que subo al blog y la verdad es que la cración de este blog ha significado un antes y un después para mí. A medida que iban pasando las semanas he ido aprendiendo un montón sobre la poesía y todas sus vertientes así como la gran ayuda que suponen herramientas como un simple blog en internet para todos/as los lectores.

Sin más dilación, hoy hablaremos de dos poetisas que tuvieron un trágico final pero sus letras perduraron hasta la actualidad.

La primera de la que voy a escribir es Sylvia Plath, una mujer que me cautivó desde el primer momento que supe de ella. Sylvia nació el 27 de octubre de 1932 en Boston, pero con familia de origen alemán, destacó desde pequeña porque era una niña a la que se le daba bien cualquier cosa, pero todo empezó a torcerse cuando Plath tuvo su primer intento de suicidio por su transtorno mental, lo cual la llevo a ser ingresada en un psiquiátrico, con incluso, tratamientos de electrochoques. De esa grotesca experiencia escribió La campana de cristal, una obra muy interesante (bajo el seudónimo de Victoria Lucas). Al salir, se graduó en Smith College de Nueva Inglaterra y se incorporó a la universidad de Cambridge donde conoció a su futuro marido Ted Hughes. Su matrimonio fracasa en gran parte por ciertas infidelidades de Ted lo cual lleva a nuestra poetisa a pasar por una profunda depresión. Sylvia decide mudarse de nuevo a Inglaterra junto a los dos hijos que tuvo fruto de ese matrimonio y es ahí, concretamente en 1963 donde, enferma y sin dinero decide axfixiarse abriendo la llave del gas a los 30 años de edad.

Después de este duro hecho, su exmarido se encargó de editar su legado literario pero no de la mejor manera ya que se dedico a destruir algunos de sus versos en Cartas de cumpleaños. Años mas tarde, su hijo, Nicholas Hughes, fue otra víctima mortal de la depresión ya que en 2009 decide acabar con su vida.

Algunos de los poemas que más me han llamado la atencion de Sylvia Plath son:

-

Campana de cristal

Hay días que parecen cristal,

se quiebran si son finos como la tristeza,

o se vuelven impenetrables y pesados

si la empatía te abandona.


Días recluidos dentro de las campanas,

transparentes como las lágrimas

que te aturden,

y te obligan a quedarte en silencio.

¿Qué hacer ante semejante melancolía

que te abraza y apenas puedes moverte?

Te llena de espinas el cuerpo

y te defiendes de algo o de alguien,

de nada o de todo,

de nadie...





A continuación me gustaría conmemorar a la poetísa Alejandra Pizarnik.
Alejandra nació el 29 de abril de 1936 en Buenos Aires en una familia de ucranio-judíos. Fue una poeta, ensayista y traductora que trabajó en París en algunas editoriales, tras volverse a Buenos Aires publicó: Los trabajos y las noches, Extraccion de la piedra de la locura y El infierno musical o La condesa sangrienta. Sus obras se basaban en un automatismo surrealista y una exactitud racional de carácter a veces lúdico pero siempre intenso, predominando la poesía y el ensayo y con un diario de casi mil páginas.
Su infancia estuvo marcada por sus problemas de asma, tartamudez, acné y una tendencia a subir de peso, todo lo contrario que su hermana Myriam, que estaba llena de cualidades positivas (delgada, rubia, bonita...) . Todo esto, afectó gravemente el autoestima de Pizarnik que al igual que Sylvia, estuvo ingresada en un centro psiquiátrico pero una vez fuera, la poeta murió de una sobredosis tras ingerir ni más ni menos que cincuenta pastillas de un psicotrópico y nos dejó a la temprana edad de 36 años.

Algunos de los poemas que más me han gustado de Alejandra Pizarnik son los siguientes:

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La enamorada
Ante la lúgubre manía de vivir
esta recóndita humorada de vivir
te arrastra Alejandra no lo niegues.

Hoy te miraste en el espejo
y te fuiste triste estabas sola
y la luz rugía el aire cantaba
pero tu amado no volvió

enviarás mensajes sonreirás
tremolarás tus manos así volverá
tu amado tan amado

oyes la demente sirena que lo robó
el barco con basbas de espuma 
donde murieron las risas
recuerdas el último abrazo
oh nada de angustias
ríe en el pañuelo llora a acarcajadas
pero cierra las puertas de tu rostro 
para que no digan luego 
que aquella mujer enamorada fuiste tú

te remuerden los días
te culpan las noches
te duele la vida tanto tanto
desesperada ¿adónde vas?
desesperada ¡nada más!



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